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Autocuidado en momentos de cambio: errores fascinantes
- Por Dra. Blanca Girardi de Esteve
En consulta, cuando hablamos de autocuidado en momentos de cambio, casi todos los pacientes creen que se trata solo de “echarle ganas” o “ponerle actitud”. Y ojo: la actitud ayuda, pero no alcanza. El cuerpo, la piel, las emociones y los hábitos también necesitan un plan, sobre todo cuando la vida se mueve fuerte.
Como equipo médico de Clínica EM, vemos a diario cómo las etapas de cambio (separaciones, maternidad, cambio de pega, problemas de salud, menopausia, duelos, mudanzas) pueden ser una oportunidad fascinante para ordenar el autocuidado… o un minuto en que quedamos totalmente al debe con nosotros mismos.
En este artículo quiero ayudarte a tomar decisiones más informadas, mostrando los errores más comunes de autocuidado en momentos de cambio y qué hacer en vez de eso, con una mirada clínica, cercana y realista.
Qué pasa en tu cuerpo y en tu mente cuando tienes autocuidado en momentos de cambio
En buen chileno, en los cambios “no es llegar y seguir igual”. El organismo entra en una especie de modo adaptación:
– Aumenta el nivel de estrés y hormonas como el cortisol.
– Duermes peor, comes distinto, te mueves menos o más.
– Tu piel puede ponerse más sensible, seca, grasosa o reactiva.
– Aparecen cambios de peso, ojeras, caída del cabello, brotes de acné o dermatitis.
Si a eso le sumamos la sobreexigencia (“tengo que poder con todo”, “no me puedo dar el lujo de parar”), el resultado es de cajón: el cuerpo pasa la cuenta en cosa de nada.
El punto clave no es evitar el cambio (que muchas veces es inevitable), sino aprender a ajustar tu autocuidado a ese momento, con criterios claros para decidir qué sí y qué no.
Errores frecuentes que veo en el autocuidado en momentos de cambio
1. Creer que “ya va a pasar” y postergar el autocuidado indefinidamente
Uno de los errores más frecuentes en el autocuidado en momentos de cambio es pensar que el malestar es solo algo transitorio y que “no vale la pena hacer tanto show”.
El problema es que ese “después me preocupo” se puede transformar en meses o años de:
– Sueño de mala calidad.
– Alimentación desordenada.
– Piel deshidratada, apagada o con inflamación crónica.
– Aumento o baja de peso bruscos.
A veces me llegan pacientes diciéndome: “Doctora, fue una racha no más, pero cuando miré pa’ atrás llevaba un año durmiendo mal y comiendo cualquier cosa”. Ahí el cuerpo ya no solo está cansado: está adaptado al desorden.
Qué hacer mejor:
No esperes a “tocar fondo” para dar el vamos a pequeños cambios. Una caminata corta diaria, hidratarte a conciencia o respetar una hora mínima de sueño ya marcan una diferencia real en cómo te sientes y cómo responde tu piel.
2. Cambiarlo todo al mismo tiempo (y rendirse a la semana)
El otro extremo es el “desde el lunes cambio mi vida”: nueva dieta estricta, ejercicio todos los días, skincare sofisticado, cero azúcar, cero café, cero pantalla… Imposible sostenerlo.
En momentos de cambio, tu sistema nervioso ya está exigido. Meterle encima un plan extremo suele terminar en:
– Abandono rápido.
– Frustración (“no sirvo para esto”).
– Sensación de fracaso que te quita ganas de intentarlo de nuevo.
Qué hacer mejor:
Hacerla corta y realista. Elige 1 o 2 cambios a la vez, máximo. Por ejemplo:
– Tomar 2 vasos de agua extra al día.
– Caminar 15 minutos después de almuerzo.
– Limpiar e hidratar tu rostro todas las noches, aunque estés cansada/o.
Cuando estos gestos se vuelven automáticos, sumas el siguiente. Así, en vez de exigirte como maratonista de un día para otro, entrenas un hábito a toda prueba.
3. Confundir autocuidado en momentos de cambio con consumo impulsivo
Otro error fascinante (porque lo repetimos una y otra vez) es equiparar autocuidado con “comprar cosas”:
– Cremas carísimas sin saber si son adecuadas para tu piel.
– Suplementos o vitaminas porque “me las recomendaron por redes”.
– Aparatos caseros que prometen resultados mágicos.
En contextos de cambio, estamos más vulnerables a la publicidad y a las promesas rápidas. Pero ojo ahí: no es llegar y probar todo lo que ves, porque puedes terminar dañando tu piel, gastando de más y frustrada/o.
Qué hacer mejor:
Ir a la segura. Antes de invertir, vale la pena una evaluación profesional corta pero bien enfocada. Muchas veces, con 2 o 3 productos bien elegidos y un orden mínimo de hábitos, ya se puede sacar cuentas alegres sin desbordar el presupuesto.
Cómo organizar tu autocuidado en momentos de cambio
Prioriza lo que sostiene tu día a día
En momentos de cambio, lo primero es estabilizar lo básico:
– Sueño: intenta respetar una hora de inicio y término lo más estable posible. Incluso si no duermes al tiro, acostarte a la misma hora ayuda a entrenar al cerebro.
– Movimiento: no hace falta un entrenamiento de alto impacto; 20–30 minutos de caminata ya ayudan a bajar el estrés y mejorar la circulación.
– Alimentación: tu objetivo no es la perfección, sino evitar extremos (ayunos prolongados sin supervisión, atracones, exceso de azúcar y alcohol).
Todo esto impacta directamente en tu energía, tu ánimo y en cómo responde tu piel a cualquier tratamiento estético o dermatológico que quieras hacer más adelante.
Tu piel también reacciona al cambio
El autocuidado no es solo emocional. La piel es un órgano que refleja mucho lo que estás viviendo.
En consulta vemos tres patrones muy típicos en momentos de cambio:
– Piel sensible o reactiva: enrojecida, con picazón o sensación de ardor.
– Brotes de acné o dermatitis: sobre todo cuando el estrés ha sido sostenido.
– Sensación de “cara cansada”: ojeras más marcadas, textura más opaca, pérdida de luminosidad.
Un día llegó una paciente y me dijo: “Doctora, sé que estoy estresada, pero lo que más me afecta es mirarme al espejo y verme agotada todo el día”. No buscaba “rejuvenecer 10 años”, sino recuperar esa sensación de “me veo como yo”.
En esos casos, el plan siempre combina:
– Ajustes simples de rutina de piel (limpieza suave, hidratación específica, fotoprotección constante).
– Revisión de hábitos que estén saboteando (poca agua, mucho cigarro o alcohol, exceso de pantallas hasta tarde).
– Y, si corresponde, tratamientos médicos de apoyo graduados en el tiempo, no todos de una.
Autocuidado emocional sin frases hechas
Cuando hablo de autocuidado en momentos de cambio, no me refiero solo a mascarillas y cremas. Muchos cambios vitales remueven emociones profundas: miedos, duelos, inseguridades.
Es común que los pacientes me digan cosas como:
– “No quiero que se note que estoy mal, quiero pasar piola”.
– “No tengo tiempo para mí, tengo que responder por todos”.
El problema es que este estilo de vida se traduce en cansancio crónico, ansiedad y a veces en síntomas físicos complejos.
Algunas ideas prácticas que suelo sugerir:
– Micro espacios diarios para ti: 10 minutos sin celular, sin redes, sin noticias. Solo respirar, estirarte o leer algo que te haga bien.
– Pedir ayuda a tiempo: terapia psicológica, grupos de apoyo, acompañamiento médico si notas que el estrés se está desbordando.
– Bajar la autoexigencia estética: en etapas difíciles, puede que no sea el mejor momento para procesos muy largos o de grandes cambios en la imagen. A veces es preferible algo acotado y suave que te ayude a verte un poco más descansada/o, sin sumar más presión.
Cómo se relaciona el autocuidado en momentos cambio con tratamientos estéticos
Aunque este artículo no se trata de un tratamiento específico, sí es importante que sepas cómo miramos el tema en medicina estética, especialmente en una clínica grande como la nuestra.
Cuando alguien viene en plena etapa de cambio y pregunta por tratamientos, siempre evaluamos:
– Estado emocional actual: si hay síntomas fuertes de ansiedad o depresión, podemos sugerir priorizar apoyo psicológico antes de procedimientos más complejos.
– Capacidad real de seguir cuidados posteriores: en momentos muy caóticos, tratamientos que requieren reposo o controles frecuentes pueden no ser la mejor idea.
– Expectativas: si lo que se espera del tratamiento es “arreglar la vida” o “salvar la relación”, es una señal de alerta clara.
A veces, la decisión más sana es postergar un procedimiento grande y partir por algo mínimo, o simplemente ordenar la piel y los hábitos primero. Nuestro rol es ayudarte a tomar decisiones informadas, no solo “decir que sí” a todo lo que se pida.
Si quieres profundizar más en estos temas relacionados con piel, hábitos y tratamientos, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde abordamos la medicina estética con una mirada integral y realista.
Señales de que tu autocuidado está al debe (y qué puedes hacer hoy)
Hay algunas banderas rojas que indican que tal vez ya es momento de ordenar el autocuidado:
– Te despiertas cansada/o casi todos los días.
– Has cambiado tu peso de forma brusca sin querer.
– Tu piel se ve o siente muy distinta y no sabes por qué.
– Sientes que no tienes ni 10 minutos al día para ti.
– Te notas más irritable, desconectada/o o apática/o.
Si al leer esto sentiste que algo te calza, no se trata de culparte, sino de tomarle el peso al momento que estás viviendo y empezar, paso a paso, un plan más consciente.
Puedes partir hoy mismo con algo muy simple:
– Elegir una hora razonable para irte a la cama y respetarla.
– Tomar agua en vez de otra bebida azucarada al menos una vez al día.
– Limpiar tu rostro en la noche y aplicar una crema hidratante básica.
– Dedicar 10 minutos al día a moverte o estirarte.
Estas acciones parecen pequeñas, pero en la práctica son el piso mínimo sobre el cual construimos cualquier tratamiento médico o estético en forma segura y efectiva.
Una invitación a mirar el autocuidado con más cariño (y menos culpa)
El autocuidado en momentos de cambio no es un lujo ni un capricho. Es una forma concreta de sostenerte cuando todo lo demás está moviéndose. No se trata de hacer todo perfecto, sino de dejar de vivir en modo emergencia permanente.
Como médica, prefiero mil veces a un paciente que llega diciendo “me quiero cuidar mejor, pero no sé por dónde partir”, que alguien que llega creyendo que un solo procedimiento va a arreglar agotamiento, estrés y años de postergarse.
Si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética, siempre con esta mirada integral del autocuidado.
Y si hoy estás en un momento de cambio, mi invitación es sencilla: elige un gesto concreto de autocuidado que puedas empezar esta semana y sostener en el tiempo. A partir de ahí, el resto se puede ir construyendo juntos, paso a paso, con calma y con información clara.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Esteve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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