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Autocuidado tras etapas difíciles: señales de cambio
- Por Clínica EM
En el box de Clínica EM vemos todos los días cómo el autocuidado tras etapas difíciles puede marcar una diferencia fenomenal en la forma en que una persona se mira al espejo y se enfrenta a su vida diaria. No se trata solo de “verse mejor”, sino de recuperar algo de calma, estructura y cariño propio después de momentos que nos dejaron pasados a llevar por dentro y por fuera.
Cuando una etapa complicada pega fuerte, duelo, separación, enfermedad, estrés brutal, crisis personales, es muy fácil dejarse para el final. El problema es que el cuerpo y la piel pasan la cuenta: cansancio extremo, ojeras marcadas, piel opaca, tensión muscular, cambios de peso, sueño desordenado. Y, en buen chileno, sentimos que “ya no damos más”.
Como doctores dedicados a la medicina estética, vemos de cerca cómo el cuidado emocional y el cuidado físico se cruzan. No reemplazamos terapia psicológica ni psiquiátrica, pero sí podemos acompañar procesos complejos desde una mirada integral, respetuosa y segura.
Lo que realmente vemos en consulta después de una etapa dura
En el box algunos pacientes me cuentan cosas como: “Doctora, estuve meses preocupada de todos menos de mí, ahora me miro y no me reconozco”. Esa frase es de cajón cuando alguien viene saliendo de una etapa difícil.
Lo que más observamos en esos casos es una mezcla de:
– Fatiga acumulada y sueño de mala calidad.
– Estrés mantenido, con mandíbula apretada y dolores de cabeza.
– Piel más seca, sensible o con brotes (acné, rosácea, picazón).
– Cambios bruscos de peso, a veces por comer poco, a veces por comer por ansiedad.
– Una sensación profunda de “estar al debe” con uno mismo.
Ojo ahí: no es llegar y ofrecer un tratamiento estético como si fuera una varita mágica. Cuando hay dolor emocional de tomo y lomo, nuestra primera tarea es escuchar y entender en qué etapa del proceso está la persona.
Muchas veces, antes de pensar en una aguja o una máquina, partimos por recomendaciones simples de autocuidado, de sueño, de alimentación y de límites sanos. Recién cuando la paciente está un poco más firme, vemos si tiene sentido sumar un apoyo estético.
Cómo se ve un buen autocuidado tras etapas difíciles en la práctica
Cuando el autocuidado empieza a ordenarse, hay señales claras que vemos en consulta y que son fenomenales:
– La persona se da un espacio fijo para ella: una hora a la semana para terapia, ejercicios suaves, masajes o controles.
– Vuelve a preocuparse de cosas básicas: aseo facial, bloqueador, hidratación, horarios de comida más o menos decentes.
– Deja de exigirse “volver a ser la misma de antes” y empieza a aceptar que es una versión distinta, con cicatrices, pero también con más experiencia.
– Pregunta por tratamientos estéticos no desde la desesperación, sino desde el deseo de acompañar su proceso de recuperación.
Cuando eso pasa, recién ahí tenemos piso para conversar sobre cómo la medicina estética puede apoyar. No para tapar emociones, sino para ayudar a que la imagen externa se alinee con el trabajo interno.
Señales de alerta: cuando el autocuidado se desordena
También vemos lo contrario: señales de que el autocuidado tras una etapa difícil se está desviando y puede hacer más daño que ayuda. Algunas de las más frecuentes:
– Buscar cambios radicales al tiro: cirugías innecesarias, cambios extremos de peso, tratamientos muy agresivos.
– Usar los procedimientos estéticos para “pasar piola” emocionalmente, ocultando el dolor sin pedir ayuda psicológica.
– Consultar en muchas clínicas distintas, sin continuidad, solo persiguiendo “la oferta” o el “antes y después” que se vio en redes.
– Tener expectativas irreales: “quiero borrar todo lo que viví de mi cara”.
En esos casos, nuestro deber es poner freno. A veces recomendamos postergar cualquier intervención y priorizar apoyo psicológico o psiquiátrico. No es fácil escucharlo, pero es la forma responsable de cuidar a la persona completa, no solo su piel.
Cómo te ayudamos a dar el vamos a un autocuidado más sano
En Clínica EM nuestra mirada siempre parte desde la salud y la seguridad. Cuando alguien viene saliendo de un periodo complejo, estructuramos la atención más o menos así:
1. Escuchar la historia y tomarse el tiempo
Partimos preguntando qué pasó, cuánto lleva ocurriendo, cómo está durmiendo, comiendo y manejando sus emociones. Puede parecer obvio, pero muchas personas llegan directas a “doctora, póngame esto o lo otro” sin haberse preguntado qué necesitan realmente.
Nos interesa saber:
– Si está en terapia o en tratamiento médico.
– Si hay diagnóstico de depresión, ansiedad u otra condición.
– Qué espera conseguir con un tratamiento estético hoy.
Con esa información, recién empezamos a armar un plan. A veces el mejor plan es partir despacio, con algo muy suave o incluso solo con cambios de hábitos y rutina de cuidado facial.
2. Ordenar lo básico antes de pensar en lo avanzado
Un buen autocuidado tras etapas difíciles siempre parte de volver a lo esencial, no de llenar la agenda de procedimientos. Lo que se indica con más frecuencia:
– Rutina de piel simple, pero constante: limpieza suave, hidratante adecuado y bloqueador diario. Nada rebuscado, nada que irrite de más.
– Hidratación y alimentación: no hablamos de dietas extremas, sino de regularidad. Comer, hidratarse y no saltarse comidas por ansiedad o pena.
– Sueño y descanso: a veces, recomendar higiene del sueño y, si es necesario, derivar a especialista. Sin dormir, ningún tratamiento luce bien.
– Movimiento suave: caminar, estirarse, algo que saque al cuerpo de la rigidez del estrés.
Cuando esto se encamina, recién la piel y el cuerpo están en condiciones de responder mejor a cualquier intervención estética. Es ir a la segura en el autocuidado tras etapas dificiles.
3. Elegir tratamientos que acompañen, no que tapen
En esta etapa, lo que buscamos es apoyar el bienestar, no borrar toda huella de lo vivido. Dependiendo de la situación, solemos priorizar:
– Procedimientos suaves de hidratación profunda y luminosidad de piel, para que el rostro recupere algo de vitalidad sin cambios drásticos.
– Tratamientos que ayuden a relajar tensión muscular, sobre todo en mandíbula, frente o cuello, cuando el estrés ha sido crónico.
– En algunos casos, pequeñas correcciones de volumen en zonas específicas, siempre con moderación, para suavizar el aspecto de cansancio.
Nunca planteamos estos tratamientos como obligación. Son herramientas que se suman a un autocuidado emocional y físico que ya está en marcha.
Me acuerdo un día que vino una paciente que había pasado por un duelo muy duro. Me dijo: “No quiero borrar mi pena, pero estoy cansada de que todos me digan que me veo destruida”. Partimos solo con una rutina de piel, mejor sueño y algo de actividad física. Un par de meses después, hicimos un procedimiento muy sutil de hidratación y relajación facial. Lo más potente no fue el cambio estético, sino cómo ella empezó a decir: “Ahora me veo como alguien que sufrió, pero que está saliendo adelante”, eso es autocuidado tras etapas dificiles, de verdad.

Cuándo preferimos decir “no por ahora”
Hay momentos en que, como doctores, tenemos que poner un alto, aunque el paciente esté decidido. Algunos escenarios en que preferimos no indicar tratamientos estéticos inmediatos:
– Duelo o crisis muy reciente, con dolor tan intenso que la persona apenas está funcionando.
– Episodios agudos de depresión o ansiedad sin tratamiento adecuado.
– Expectativas irreales: “quiero que nadie note que estuve enferma” o “necesito que se me borre todo”.
– Presión externa: venir acompañada de alguien que insiste en cambios que la persona no desea de verdad.
Decir que no también es una forma de autocuidado. Muchas veces proponemos reevaluar en un par de meses, después de iniciar terapia psicológica o ajustar medicamentos. Es mejor ir lento que arrepentirse, es importante ir evaluando el autocuidado tras etapas dificiles.
Cómo saber si vas por buen camino con tu autocuidado
Si hoy estás saliendo de una etapa complicada, te puede ayudar hacerte estas preguntas sencillas:
– ¿Estoy dejando espacios fijos para mí, aunque sean pequeños?
– ¿Mi objetivo con el autocuidado es sentirme más acompañada o tapar lo que siento?
– ¿Le he contado a mi médico o terapeuta que quiero hacerme tratamientos estéticos?
– ¿Lo estoy haciendo por mí o para que otros dejen de comentar cómo me ven?
Si la mayoría de tus respuestas apuntan a cuidarte con cariño, sin apuro y sin locuras, probablemente vas bien encaminada. Si notas que quieres cambiarlo todo “en cosa de nada”, quizás necesitas detenerte y conversar con un profesional antes de seguir.
En Clínica EM, nuestro rol es acompañarte con honestidad, sin venderte ilusiones ni resultados mágicos. Queremos que el autocuidado tras etapas difíciles sea un aliado real en tu proceso, para que de a poco puedas mirarte al espejo y sacar cuentas alegres de cómo has ido avanzando.
Si quieres profundizar más en este tema del autocuidado tras etapas dificiles, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde tocamos muchas de estas experiencias desde la práctica diaria en consulta.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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