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Cómo elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel sin riesgos
- Por Clínica EM
Cuando una paciente me pregunta en consulta cómo elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel, mi primera respuesta siempre es la misma: más importante que “qué está de moda” es entender qué necesita realmente tu piel y qué riesgos estás asumiendo al decidir a la rápida.
En buen chileno: no es llegar y ponerse “lo que se están haciendo todas”. Tu piel, tu historia y tu salud son únicas, y el tratamiento también debería serlo.
Por qué tu piel no necesita lo mismo que tu amiga
Aunque tengas la misma edad y hasta el mismo fototipo que tu amiga, tu piel puede estar en una realidad totalmente distinta.
En consulta revisamos tres niveles:
1. Tipo de piel
– Seca, grasa, mixta, sensible o con tendencia al acné.
– Presencia de rosácea, melasma u otras condiciones médicas.
2. Estado actual de la piel
– Si hay inflamación activa (acné, dermatitis, brotes).
– Nivel de daño solar, manchas, textura irregular.
– Flacidez, pérdida de volumen, arrugas finas o marcadas.
3. Contexto de vida
– Edad, uso de medicamentos, embarazo o lactancia.
– Exposición al sol por trabajo o deporte.
– Presupuesto y tiempo real para mantener los cuidados.
A veces me llegan pacientes diciéndome: “Doctora, quiero el mismo tratamiento que se hizo mi prima, quedó como nueva”. Y cuando evaluamos al tiro en el box, vemos que esa paciente tiene la piel inflamada, antecedentes de alergias y casi nada de cuidado diario. En ese escenario, copiar el tratamiento de la prima sería un error, y con riesgo de malos resultados o complicaciones.
Errores frecuentes al escoger tratamiento (y sus riesgos)
1. Dejarse llevar solo por redes sociales
Hoy vemos antes–después espectaculares en TikTok o Reels y pareciera que cualquier piel puede lograr lo mismo. Ojo ahí:
– Esos resultados suelen ser casos muy bien seleccionados.
– Muchas veces se trata de varias sesiones y varios procedimientos combinados.
– La luz, el maquillaje y los filtros pueden “pasar piola” pequeñas imperfecciones o secuelas.
El riesgo: construir expectativas irreales y terminar frustrada, pensando que el tratamiento “no funcionó”, cuando en realidad el problema era la promesa inicial.
2. Elegir solo por precio o descuentos agresivos
Promociones tipo “3 sesiones por el precio de 1” o “relleno a mitad de precio” suenan tentadoras, pero en medicina estética lo barato puede salir caro:
– Productos de baja calidad o sin trazabilidad.
– Protocolos copi–pega para todo el mundo.
– Poco tiempo de evaluación médica real.
El riesgo: desde resultados poco naturales hasta complicaciones, como asimetrías, infecciones o hipercorrecciones difíciles de manejar.
3. Pensar que todo se soluciona con un solo procedimiento
Otro error clásico es creer que un solo pinchazo o una sola sesión va a revertir años de daño solar y envejecimiento.
En la práctica clínica, lo que más vemos es que:
– La calidad de piel (poros, manchas, textura) se mejora con constancia, no con milagros puntuales.
– Hay tratamientos que no se pueden hacer si la piel está irritada, bronceada o con brotes activos.
– A veces antes de inyectar algo, toca primero ordenar la piel con skincare médico y hábitos.
El riesgo: abandonar después de una mala experiencia porque se esperaba algo imposible en una sola sesión.
Cómo priorizar tus tratamientos estéticos de forma inteligente
Cuando te sientas en el box conmigo, no partimos diciendo “qué tratamiento quieres”, sino “qué te preocupa de tu piel y qué esperas cambiar”. A partir de eso, ordenamos prioridades.
1. Identificar el objetivo principal
Algunas metas típicas:
– “Quiero que mi piel se vea más luminosa y pareja”.
– “Quiero suavizar arrugas, pero sin cambiar mi expresión”.
– “Quiero que la piel se vea menos cansada, más fresca”.
Con esa meta clara, evaluamos:
– Si el objetivo es razonable para tu edad y tu piel.
– En cuánto tiempo podrías empezar a ver cambios.
– Cuánto mantenimiento va a necesitar para sostener el resultado.
2. Diferenciar “deseo estético” de “problema médico”
Hay cosas que son netamente estéticas (un pequeño surco, arrugas finas), y otras que se consideran condiciones médicas, como:
– Acné moderado a severo.
– Rosácea.
– Melasma.
– Dermatitis recurrente.
En estos casos, antes de pensar en peelings profundos, láser o inyectables, lo responsable es tratar la patología de base. Saltarse este paso aumenta el riesgo de:
– Empeorar el cuadro inflamatorio.
– Manchas postinflamatorias.
– Mayor sensibilidad a productos y procedimientos.
Cuándo un tratamiento “no te sirve” (aunque esté de moda)
En buen chileno: hay procedimientos que serán fantásticos para algunas personas, pero para ti, en este momento, no van a ser la mejor jugada.
Algunos ejemplos:
– Toxina botulínica cuando la principal causa de tu rostro cansado es la flacidez, no las arrugas de expresión.
– Rellenos volumétricos cuando la piel está deshidratada y sin soporte de colágeno; en vez de armonía, se ve pesado.
– Peelings muy agresivos en pieles morenas con tendencia a mancharse: el riesgo de pigmentación postinflamatoria es alto.
– Láser en pleno verano, con alta exposición solar diaria: se vuelve difícil cuidar bien la piel después y los resultados se comprometen.
Ahí nuestro rol es decirte con honestidad: “Aunque lo quieras mucho, hoy este tratamiento no es lo indicado para tu piel” y proponer alternativas más seguras y coherentes con tu realidad.
Qué evaluamos en Clínica EM antes de dar el vamos a cualquier tratamiento
Para ayudarte a elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel y no uno que solo se ve bonito en redes, siempre seguimos una estructura clínica:
1. Evaluación completa
– Historia clínica detallada (enfermedades, alergias, cirugías, medicamentos).
– Antecedentes de tratamientos previos de piel, buenos o malos.
– Fototipo de piel y patrón de envejecimiento (por ejemplo: más flacidez, más manchas, más arrugas).
Un día llegó una paciente y me dijo: “Doctora, en otra parte me ofrecieron relleno al tiro, sin preguntarme nada, pero algo no me dio confianza”. Al revisar su historia, descubrimos múltiples alergias y un cuadro autoinmune activo. Para ella, partir con rellenos sin evaluación hubiera sido un riesgo serio. Ahí se entiende lo importante que es no saltarse la parte médica.
2. Análisis de la piel en detalle
En el box revisamos:
– Textura, poros, cicatrices.
– Distribución de manchas y enrojecimiento.
– Calidad del colágeno a la palpación (cómo se siente la piel).
Esto nos permite decirte con claridad:
– Qué se puede mejorar.
– Qué probablemente no va a desaparecer del todo.
– Cuántas sesiones o combinaciones podrían ser necesarias.
3. Conversación honesta sobre expectativas y riesgos
Aquí es donde muchas decisiones se definen de verdad.
– Te explicamos qué sí puede hacer el tratamiento, y qué no.
– Hablamos de efectos secundarios reales, aunque sean poco frecuentes.
– Aclaramos cómo será el post tratamiento: días de inflamación, posibles moretones, cuidados estrictos frente al sol, etc.
Nuestro objetivo es que salgas decidido o decidida con toda la información, no empujado por el miedo a “perder la promo” ni por la presión de cambiar rápido.

Señales de alerta de que un tratamiento no es para ti (por ahora)
Te dejo algunas banderas rojas muy concretas:
– No te hicieron ninguna pregunta antes de ofrecer el tratamiento.
– Nadie te explicó los riesgos, solo los beneficios.
– Te prometen resultados “garantizados” o “sin ninguna posibilidad de efecto adverso”.
– Presionan para decidir en el momento con frases tipo “esta oferta es solo hoy”.
– No te hablan de cuidados posteriores ni de mantenimiento.
Si ves más de una de estas señales, mi recomendación es simple: no des el vamos todavía. Tómate el tiempo de pedir una segunda opinión y evaluar alternativas.
Cómo elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel sin caer en promesas irreales
Para que esta decisión sea a toda prueba, me gusta resumirlo en tres preguntas clave que siempre revisamos en consulta:
1. ¿Es seguro para mi salud y mi tipo de piel?
Si hay dudas con enfermedades de base, embarazo, lactancia o medicamentos, preferimos ser conservadores.
2. ¿Es coherente con mi estilo de vida?
Si no puedes hacer reposo relativo, evitar sol o usar protector solar de forma disciplinada, algunos tratamientos simplemente no van a ser para ti ahora.
3. ¿Mis expectativas calzan con lo que realmente se puede lograr?
Si esperas un “borrado total” cuando lo realista es hablar de mejoría parcial, es mejor ajustar expectativas antes de partir.
Cuando respondemos estas tres preguntas con honestidad, es mucho más fácil elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel y no terminar arrepentida, con miedo a volver a tratarte.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde explicamos con más detalle distintos procedimientos, casos reales y cuidados de la piel.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
En Clínica EM nuestra prioridad no es ofrecerte “el tratamiento de moda”, sino ayudarte a tomarle el peso a los riesgos, entender bien las expectativas y decidir con calma qué hacer con tu piel. Así, cuando pienses en cómo elegir un tratamiento que sí le sirve a tu piel, puedas ir a la segura, con información clara y acompañamiento profesional de tomo y lomo.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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