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Cuidado facial a largo plazo: estimular, controlar y mantener
- Por Clínica EM
Cuando hablo con pacientes sobre cuidado facial a largo plazo: estimular, controlar y mantener la piel, casi siempre aparece la misma duda: “Doctora, ¿qué tengo que hacer realmente para que mi piel se vea viva, no solo ahora, sino en 10 o 20 años más?”.
En Clínica EM trabajamos precisamente esa mirada: no solo “arreglar algo puntual”, sino construir una piel sana, pareja y luminosa que resista bien el paso del tiempo. No es llegar y elegir una crema o un procedimiento; es una estrategia que combina ciencia, constancia y decisiones inteligentes.
En este artículo quiero ayudarte a ordenar las ideas, para que puedas tomar decisiones informadas y realistas sobre tu cuidado facial a largo plazo.
Lo que realmente significa cuidar la piel “a largo plazo”
Cuando hablamos de largo plazo, no estamos pensando en una crema milagrosa de un mes. Hablamos de:
– Estimular: activar los procesos de reparación natural de la piel (colágeno, elastina, hidratación profunda).
– Controlar: manejar factores que dañan o desordenan la piel (sebo, inflamación, manchas, fotoenvejecimiento).
– Mantener: sostener los logros con rutinas y controles que sean realistas para tu día a día.
En buen chileno: se trata de que tu piel “no se venga abajo” con cada cambio de estación, cada estrés o cada cumpleaños que sumas.
Un día llegó una paciente y me dijo: “Doctora, siento que la piel ya no rebota como antes, estoy usando 5 productos, pero nada me resulta”. Al revisarla, lo que estaba al debe no era la cantidad de cosmética, sino la falta de una estrategia: estimulaba poco, controlaba mal (mucha irritación) y no mantenía nada en forma ordenada.
Eso lo vemos muy seguido en el box.
Antes de decidir: 3 preguntas clave que deberías hacerte
Antes de empezar a sumar productos o tratamientos para tu cuidado facial a largo plazo, te sugiero responder estas tres preguntas:
1. ¿Qué quiero priorizar: textura, firmeza, manchas o brotes?
Tratar todo al mismo tiempo suele diluir los resultados. Es mejor partir por lo que más te incomoda y, desde ahí, construir.
2. ¿Cuánto tiempo real tengo para una rutina diaria?
Si en teoría quieres 7 pasos, pero en la práctica solo logras 2, vamos a perder el foco. Es mejor un “poco pero bien hecho” que un “perfecto” que no cumples nunca.
3. ¿Estoy dispuesta/o a combinar cuidado domiciliario con tratamientos médicos estéticos periódicos?
El cuidado profesional de la piel a largo plazo suele ser un trabajo mixto: casa + clínica. Si solo haces uno de los dos, los resultados se quedan cortos.
Responder honestamente estas preguntas te ayuda a tomar decisiones que puedas sostener en el tiempo, y eso marca la diferencia entre mejoras pasajeras y cambios que se mantienen.
Cómo estimular la piel para que se mantenga viva y firme
Estrategias médico estéticas que activan la piel desde adentro
Cuando hablamos de “estimular”, nos referimos a procedimientos y activos que despiertan los mecanismos internos de la piel.
Algunas herramientas que evaluamos en Clínica EM, según cada caso:
– Bioestimuladores de colágeno
Son sustancias que incentivan a la piel a producir su propio colágeno. No son rellenos, sino “entrenadores” para que la piel se fortalezca con el tiempo.
Suelen ser útiles en personas que empiezan a notar flacidez suave a moderada o pérdida general de firmeza.
– Procedimientos de inducción de colágeno
Producen microdaños controlados que desencadenan reparación. Nosotros definimos profundidad, intensidad y número de sesiones según tu tipo de piel, edad y estilo de vida.
– Activos tópicos de uso domiciliario con respaldo profesional
Retinoides, vitamina C estable, niacinamida, péptidos. Estos no reemplazan los tratamientos médicos estéticos, pero son el “entrenamiento diario” de la piel, evitando que los resultados se pierdan.
Lo que más me preguntan en el box es: “¿Qué me va a durar más?”. Y la respuesta honesta es: lo que estimula tu propia piel tiende a ser más sostenible en el tiempo, siempre que mantengas una rutina básica de cuidado y fotoprotección constante.
Controlar: sebo, inflamación, manchas y estilo de vida
Muchos pacientes hacen mucho esfuerzo por estimular la piel, pero tienen poco control sobre lo que la daña día a día. Ojo ahí, porque eso sabotea el resultado.
Factores que necesitas tener bajo control
1. Seborrea y acné
Una piel con inflamación crónica, brotes continuos y limpieza agresiva termina con más marcas, más poros dilatados y más irritación.
En estos casos, solemos combinar:
– Limpieza suave pero eficaz.
– Reguladores de sebo (no solo astringentes fuertes).
– Tratamientos específicos si hay acné inflamatorio.
2. Manchas y fotoenvejecimiento
La radiación UV, la luz visible y el calor empeoran melasma, pecas y tono apagado.
Tibio no más con pensar que el filtro solar es “para el verano”. Si hablamos de cuidado facial a largo plazo: estimular, controlar y mantener la piel, el fotoprotector diario es de cajón.
3. Estrés, sueño y alimentación
No es discurso vacío: los desórdenes hormonales, la inflamación sistémica y el mal dormir se ven en la piel. No podemos prometer que la piel sea perfecta si el cuerpo está siempre pasándolo mal.
4. Tabaco y alcohol
El cigarro, en particular, “apaga” la piel. Los vasos sanguíneos se alteran, el colágeno se daña y el tono se vuelve opaco. A veces, antes de sumar tratamientos, necesitamos conversar en serio estos hábitos.
Controlar no significa vivir en un laboratorio, pero sí tomarle el peso a que los resultados que logras con tratamientos dependen mucho de lo que haces entre sesión y sesión.
Mantener resultados: cómo ir a la segura sin obsesionarse
A muchos pacientes les preocupa que, si empiezan con una rutina o con tratamientos, “después no puedan parar” o se les note demasiado. Nuestra filosofía en Clínica EM es exactamente la contraria: que el cuidado sea sutil, pero tu piel se vea cada vez más sana y viva.
Un esquema realista de mantención
De forma general (que luego adaptamos en consulta), un esquema razonable podría ser:
– Diario (casa)
– Limpieza suave 1–2 veces al día.
– Antioxidante y/o activo específico en la mañana.
– Fotoprotector amplio espectro todos los días, todo el año.
– Activo renovador o reparador en la noche, según tolerancia.
– Mensual o bimensual (clínica)
– Procedimientos suaves de mantención (por ejemplo, limpiezas profundas, peelings controlados en ciertos casos, hidrataciones inyectables, toxina botulinica o rellenos si están indicados).
– Anual o semestral (clínica)
– Revisión profesional integral de la piel.
– Refuerzos de bioestimulación o tecnologías de colágeno, según tu evolución.
La idea no es vivir en la camilla; es construir un plan que se ajuste a tu realidad, que puedas sostener y que, en cosa de nada, se vuelva parte natural de tu rutina.
Decidir bien: cuándo sumar tratamientos y cuándo frenar
Con toda la oferta que aparece en redes, es fácil confundirse. Como doctores, nuestra labor es ayudarte a decidir con calma, no a sumar procedimientos porque sí.
Señales de que vale la pena sumar un tratamiento médico
– Tu rutina domiciliaria está ordenada, pero aún ves:
– Flacidez suave o moderada que no mejora solo con cremas.
– Manchas que reaparecen rápido pese al fotoprotector.
– Textura irregular, poros muy visibles o cicatrices de acné.
– Sientes que tu piel se ve cansada, “apagada”, aunque duermas bien.
– Buscas resultados que se sostengan en el tiempo, no solo “verse bien para un evento”.
En esos escenarios, un programa médico de estimulación, control y mantención suele ayudar a que puedas sacar cuentas alegres a mediano y largo plazo.
Cuándo conviene no hacer o postergar un tratamiento
También hay momentos en que preferimos esperar o no recomendar ciertos procedimientos, aunque el paciente los pida:
– Embarazo o lactancia (dependiendo del tratamiento).
– Enfermedades de la piel sin diagnosticar (primero hay que aclarar qué está pasando).
– Paciente sin disposición a usar fotoprotector o a seguir indicaciones mínimas.
– Expectativas irreales, por ejemplo: “quiero borrar todo y no quiero que nadie note que me hice algo ni que cambie nada más”.
Ahí es mejor hacerla corta y ser claros: antes de avanzar, ordenamos expectativas, hábitos básicos y diagnóstico. Eso, a la larga, cuida tu salud, tu tiempo y tu inversión.
Cómo se ve una piel “viva” cuando el cuidado está bien planteado
Cuando el cuidado facial a largo plazo: estimular, controlar y mantener la piel está bien diseñado para ti, lo que solemos ver no es un cambio dramático de un día para otro, sino algo más sutil pero muy potente:
– La piel se ve más pareja, incluso sin maquillaje pesado.
– La textura se vuelve más suave, con poros menos notorios.
– La firmeza mejora, y el rostro recupera un aspecto más descansado.
– Las manchas se vuelven más controlables y no dominan la cara.
– Puedes mantener resultados con menos intervenciones agresivas, y más bien con refuerzos periódicos.
En buen chileno, no se trata de “quedar como otra persona”, sino de verse como tú, pero en tu mejor versión posible para tu edad, y con una piel que responde mejor a los años.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde explicamos en detalle distintos tratamientos que usamos para estimular, controlar y mantener la piel.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
Al final del día, el punto no es hacer “de todo”, sino diseñar un cuidado facial a largo plazo: estimular, controlar y mantener la piel de forma inteligente, gradual y personalizada, para que tu piel se mantenga viva, sana y coherente contigo en cada etapa de la vida.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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