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Con la piel no se improvisa: por qué necesitas un plan de clínico cuidado facial
- Por Clínica EM
Cuando decimos que la piel no se improvisa: por qué necesitas un plan clínico de cuidado facial, no es un eslogan bonito: es, en buen chileno, tomarle el peso a que tu cara no es terreno para la prueba y error. Desde Clínica EM, vemos todos los días cómo cambia la historia cuando hay criterios médicos claros detrás de cada decisión… y cuando no los hay.
Por qué “ir probando” productos y tratamientos suele salir caro
A muchos pacientes les pasa lo mismo: parten con una cremita, después un serum que vieron en redes, luego un peeling en oferta, y al final llegan al box con la piel sensible, manchada, o simplemente sin resultados.
El problema no es “probar cosas”, sino improvisar sin diagnóstico.
Cuando no hay un plan clínico de cuidado facial:
– Se mezclan activos que se anulan o irritan entre sí.
– Se repiten tratamientos sin respetar tiempos de reparación de la piel.
– Se invierte dinero en lo que se ve “entretenido”, no en lo que realmente hace falta.
– Se generan expectativas irreales y, de cajón, frustración.
En medicina estética facial, no es llegar y hacer láser, toxina botulínica o bioestimuladores “porque a mi amiga le resultó”. Tu piel, tu edad, tu estilo de vida, tus enfermedades de base y tu historia previa cambian completamente el mapa.
Qué entendemos por plan clínico de cuidado facial
Un plan clínico de cuidado facial es un diseño médico, personalizado y ordenado en el tiempo, que define:
1. Objetivo principal: por ejemplo, controlar acné, tratar manchas, mejorar textura, suavizar arrugas o prevenir envejecimiento.
2. Estado actual de tu piel: tipo de piel, grado de daño solar, sensibilidad, cicatrices, rosácea, melasma, etc.
3. Tratamientos en cabina y médicos necesarios: peeling, láser, microagujas, bioestimuladores, toxina botulínica, rellenos, entre otros.
4. Rutina domiciliaria específica: limpieza, activos clave, fotoprotección, orden y horarios.
5. Calendario realista: en qué orden se hace cada cosa, cada cuánto, y qué no se puede mezclar.
6. Revisión y ajustes: controles programados para ver cómo está reaccionando tu piel y corregir el rumbo.
La diferencia con “cuidarse la piel” solo con cosmética es que aquí trabajamos con criterios médicos, evaluando tu piel como un órgano, no solo como algo estético que debe “verse bonito”.
Cómo priorizar tus tratamientos médicos sin improvisar
Cuando un paciente llega y me dice “doctora, quiero hacerme de todo”, al tiro detengo esa idea. La piel tiene un límite biológico y el bolsillo también.
Nuestro rol es ayudarte a priorizar:
1. Primero, lo que la piel necesita para estar sana
– Control de inflamación (acné activo, rosácea, dermatitis).
– Reparar la barrera cutánea si está irritada o muy seca.
– Fotoprotección a toda prueba.
2. Luego, lo que mejora la calidad de la piel
– Textura, poros, manchas, tono apagado.
Aquí pueden entrar peelings médicos, láseres específicos, microagujas con drug delivery, entre otros.
3. Finalmente, lo que modela o rejuvenece volúmenes
– Toxina botulínica, ácido hialurónico, bioestimuladores.
Esto se hace sobre una piel más equilibrada y con menos inflamación.
Este orden no es un capricho; es seguridad y sentido común clínico. Saltarse etapas suele terminar en resultados que no se notan, o peor: en complicaciones.
La piel no se improvisa: por qué necesitas un plan clínico de cuidado facial hecho a tu medida
Cuando hablamos de que la piel no se improvisa: por qué necesitas un plan clínico de cuidado facial, nos referimos a anticiparnos: prevenir errores, sobreactuar menos y tratar mejor.
Un buen plan debe responder, al menos, a estas preguntas:
– ¿Qué objetivo es más importante para ti en los próximos 12 meses?
– ¿Cuál es tu presupuesto aproximado y tu disponibilidad de tiempo?
– ¿Qué tratamientos has hecho antes y cómo reaccionó tu piel?
– ¿Tienes enfermedades de base, alergias, uso de isotretinoína, tratamientos hormonales, etc.?
– ¿Cuánto sol recibes (trabajo, deporte al aire libre, viajes frecuentes)?
Con eso, podemos aterrizar expectativas y armar algo honesto, que no suene a promesa mágica. A veces la mejor decisión es ir más lento, pero más seguro.
Errores típicos que vemos cuando no hay un plan
En el box algunos pacientes me cuentan cosas como: “doctora, me hice tres peeling seguidos porque leí que así se nota más rápido” o “usé retinol todas las noches y vitamina C en la mañana, pero ahora tengo la cara roja y me arde”.
Errores frecuentes:
– Sobretratar: muchos procedimientos muy seguidos sin respetar tiempos de reparación.
– Subestimar el sol: hacer láser o peeling en temporada de mucho sol sin la fotoprotección adecuada.
– Mezclar activos potentes sin guía: ácidos, retinoides y despigmentantes sumados sin orden.
– Elegir por moda, no por indicación: seguir tendencias de redes sin criterio médico.
Ojo ahí: la piel tiene memoria. Puede “pasar piola” al principio, pero al tiempo aparecen manchas, sensibilidad crónica o resultados que no se sostienen.
Qué evaluamos en Clínica EM antes de armar tu plan
En Clínica EM no partimos ofreciendo tratamientos sueltos. Antes de dar el vamos a un plan de cuidado facial, hacemos una evaluación completa que incluye:
– Historia clínica detallada
Enfermedades, medicamentos, alergias, antecedentes de cicatrización, intervenciones previas.
– Evaluación de la piel en consulta
Tipo de piel, zonas más dañadas, presencia de manchas, flacidez, arrugas dinámicas y estáticas.
– Análisis de estilo de vida
Horas de sueño, estrés, exposición solar, alimentación, consumo de tabaco o alcohol.
– Expectativas y tiempos
Cuánto tiempo estás dispuesto a dedicarle a tu rutina diaria y cuántas visitas puedes hacer al año.
Con todo eso, decidimos juntos qué es realista. A veces el mejor “no” es cuando el paciente llega pidiendo un tratamiento puntual, pero vemos que la piel todavía no está lista. Decir que no también es parte de un plan honesto.

Ejemplo real: cuando ordenar el plan cambia todo
Me acuerdo un día que vino una paciente y me dijo: “doctora, siento que he gastado un montón en mi cara y sigo igual”. Tenía manchas, textura irregular y usaba varios productos “de moda”.
Al revisarla, detectamos:
– Fotodaño importante por años de sol.
– Rutina con exceso de activos irritantes, sin foco en barrera cutánea.
– Sin orden en los tratamientos: un peeling en un lado, un láser distinto en otro centro, sin registros.
¿Qué hicimos?
1. Primero, calmamos la piel un par de semanas, ajustando su rutina diaria básica: limpieza suave, hidratación adecuada y fotoprotección seria.
2. Luego, definimos un plan en 6 meses, con dos ejes:
– Mejorar manchas con protocolos médicos combinados.
– Trabajar textura con procedimientos progresivos, sin agredir de más.
3. Educamos expectativas: no iba a “borrar” 15 años de daño solar “en cosa de nada”, pero sí podíamos lograr mejoras visibles y sostenibles.
A los meses, más que la foto de antes y después, lo importante fue cómo se sentía ella: “ahora entiendo por qué la piel no se improvisa, tiene lógica lo que estamos haciendo”. Ese es el tipo de resultado donde todos sacamos cuentas alegres.
Cuándo un plan clínico de cuidado facial NO es lo indicado
Aunque suene raro, hay momentos en que no recomendamos partir con un plan intensivo de tratamientos faciales, aunque el paciente lo pida:
– Cuando hay enfermedades de base descompensadas (diabetes, problemas inmunológicos) sin control médico.
– En casos de expectativas irreales (buscar un “cambio radical” en semanas o “parecer de 20 años menos”).
– Si la persona no puede cumplir mínimos de fotoprotección o cuidados posteriores.
– En presencia de trastornos de la imagen corporal en los que prima siempre derivar o trabajar en conjunto con salud mental.
En esos casos, somos claros: la prioridad es tu salud integral, no solo la foto del “después”.
Cómo saber si tu plan está bien armado
Al evaluar si tu cuidado facial está bien planificado, ten ojo con estos puntos:
– ¿Sabes cuál es el objetivo principal de tu plan o estás “haciendo cosas” sin rumbo?
– ¿Entiendes qué hace cada tratamiento en tu piel y por qué se hace en ese orden?
– ¿Tienes claro qué cosas debes evitar después de cada procedimiento?
– ¿Sientes que puedes preguntar y recibir respuestas honestas, sin promesas exageradas?
Si algo de esto falla, probablemente el plan se pueda mejorar. La idea es que te sientas acompañado y no solo “comprando sesiones”.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde abordamos otros aspectos de salud y calidad de piel con el mismo criterio médico.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
Al final del día, la piel no se improvisa: por qué necesitas un plan clínico de cuidado facial tiene que ver con cuidar tu órgano más visible con respeto, criterio y una medicina estética honesta, que busque mejorar sin prometer lo imposible y que te permita ir a la segura, paso a paso y con información clara.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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