Me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue? Guía indispensable

Me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue? es una pregunta que escucho casi todos los días en Clínica EM. Te aplicaste toxina botulínica, saliste del box feliz… y al rato empiezan las dudas: qué puedo hacer, qué no, cuándo voy a ver resultados, qué es normal y qué no.

En este artículo quiero contarte, en buen chileno y con mirada médica, qué pasa realmente después del Botox, cómo cuidar el tratamiento y cómo sacarle el máximo beneficio sin correr riesgos innecesarios.

Primero: qué hicimos exactamente cuando “me apliqué Botox”

La toxina botulínica (el conocido “Botox”) es un neuromodulador. Eso significa que actúa bloqueando de forma temporal la señal que pasa del nervio al músculo.

En simple: el músculo se relaja y, al no contraerse tan fuerte, las arrugas de expresión se suavizan. No “rellena” ni “estira la piel” directamente; baja la fuerza de los músculos responsables de las líneas de:

– Entrecejo (las clásicas “líneas de enojado”)
– Frente
– Patitas de gallo
– A veces mentón, sonrisa gingival, cuello, etc., según cada caso

El efecto no es inmediato. La toxina necesita un tiempo para fijarse en la unión neuromuscular. Por eso, aunque salgas de la consulta viéndote igual, el medicamento ya está “instalado” donde debe. Ahora viene la parte que nos convoca: qué sigue después.

Qué pasa día a día después del Botox

Primeras horas: lo más delicado

Las primeras 4–6 horas son clave. En esa ventana queremos evitar que la toxina se desplace a zonas donde no la necesitamos.

En Clínica EM recomendamos:

– Mantenerte en posición erguida (sentada o de pie) las primeras 4 horas.
– No tocar ni masajear la zona tratada.
– No ir al gimnasio ni hacer ejercicio intenso ese día.
– No usar casco apretado, cintillos muy firmes ni gorros que presionen la frente.

Si te preguntas “me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue al tiro?”, lo indispensable es: llegar a tu casa, estar tranquila, sin presionar la zona y sin agitarte demasiado.

Es normal que veas:

– Puntos rojos pequeños donde entró la aguja.
– Una leve hinchazón tipo picadura de mosquito.
– A veces pequeños moretones (sobre todo si tienes vasitos más frágiles o tomas aspirina/anticoagulantes).

Suelen pasar en cosa de horas o pocos días.

Días 2 a 7: cuando empiezas a notar cambios

Entre el día 2 y el 3 la mayoría de las personas comienza a notar que el músculo se mueve menos.

Entre el día 5 y el 7 ya vemos, en general, un efecto bastante cercano al definitivo:

– Menos fruncido en el entrecejo.
– Frente más lisa y relajada.
– Sonrisa con menos patitas de gallo marcadas.

En esta fase es normal que:

– Sientas una sensación rara de “peso” o de que la frente se mueve distinto.
– Te mires al espejo todo el día buscando cambios milimétricos.
– Tengas la sensación de que expresas menos enojo o preocupación.

En buen chileno: el cerebro se está acostumbrando a este nuevo mapa de movimiento. No es que “quedaste rara”; es que estás percibiendo músculos que antes usabas todo el día y ahora están más contenidos.

Día 15: el momento ideal del control

A los 14–15 días consideramos que el efecto ya se estabilizó.

Es el momento en que en Clínica EM nos gusta reevaluar:

– Simetría entre ambos lados.
– Si quedó algún músculo sobrereactivo (por ejemplo, esa ceja que se sube más de la cuenta, el famoso “efecto Spock”).
– Si necesitas un retoque pequeño para equilibrar.

Un día llegó una paciente y me dijo: “Doctora, me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue? Estoy asustada porque una ceja se me sube más que la otra y tengo miedo de que quede así para siempre”. Al revisarla, tenía un músculo de la frente que había compensado más de un lado. Con un pequeño ajuste con toxina, en cosa de nada logramos equilibrar. No fue un drama; solo requería control y ojo clínico.

Por eso insisto tanto: el control no es un “detalle opcional”, es parte indispensable del tratamiento.

De los 2 a los 4 meses: la etapa de estabilidad

En este periodo la toxina está funcionando a toda prueba. Sueles notar:

– Arrugas de expresión muy suavizadas.
– Gesto más descansado.
– Menos necesidad de “hacer fuerza” con la frente para abrir los ojos.

Aquí aparecen dos riesgos típicos:

1. Tomarle el peso al cambio y querer subir la dosis “porque me encantó”.
2. Sentirse tan bien que se olvida por completo la planificación a largo plazo.

Como doctores, nuestro rol es cuidar no solo cómo te ves hoy, sino cómo se va a comportar tu musculatura facial en los próximos años. No es llegar y congelar todo.

Mira este resultado en entrecejo:

me aplique botox

Del mes 4 al 5: cuándo empiezas a notar que el efecto baja

Entre el cuarto y quinto mes, dependiendo de tu metabolismo, la fuerza muscular empieza a volver:

– Reaparecen líneas suaves cuando haces gestos fuertes.
– Recuperas un poco más de movimiento, sin volver al punto de partida de inmediato.
– El rostro se ve todavía más suave que antes del primer tratamiento, pero ya no tan “relajado” como al segundo mes.

Si te preguntas cuándo repetir, te recomiendo no esperar a que vuelvan todas las arrugas profundas. Lo ideal es planificar la siguiente sesión antes de retroceder a cero. En Clínica EM solemos organizarlo en torno a los 4–5 meses, ajustando según tus necesidades.

Cuidados indispensables después de aplicarte Botox

Aquí te dejo lo que, desde la experiencia, considero de cajón para ir a la segura.

Lo que sí puedes hacer

– Maquillarte suavemente después de 4–6 horas, sin frotar fuerte.
– Trabajar normalmente (no hay licencia médica salvo casos muy puntuales).
– Dormir como siempre, pero evitando dormir boca abajo la primera noche si es posible.
– Usar tus cremas habituales de skincare desde el día siguiente.

Lo que conviene evitar (al menos por 24 horas)

– Ejercicio intenso, crossfit, running fuerte.
– Masajes faciales, drenaje linfático directo sobre la zona tratada.
– Saunas, baños de vapor muy calientes o cámaras de calor.
– Beber alcohol en exceso (puede favorecer hematomas).

Ojo: no es que si haces algo de esta lista “se arruinó todo”. Pero si quieres minimizar riesgos al máximo, estas restricciones por 24 horas son una medida sencilla y muy efectiva.

Beneficios bien entendidos: qué puedes esperar realmente

Cuando un paciente me dice “doctora, me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue para aprovechar bien los beneficios?”, lo resumo así:

Arrugas de expresión suavizadas: especialmente en frente, entrecejo y patas de gallo.
Gesto más descansado: cara de “enojo permanente” que se suaviza.
Prevención a futuro: al relajar los músculos repetitivos, ayudas a que las arrugas dinámicas se marquen menos con los años.
Expresión más armónica: bien indicado, no te deja “congelada”, sino con movimiento más controlado.

Lo que no debes esperar:

– Que desaparezcan por completo las arrugas profundas “talladas” en la piel. Ahí muchas veces necesitamos combinar con otros tratamientos (ácido hialurónico, bioestimuladores, láser, etc.).
– Un cambio drástico en textura, manchas o flacidez de piel. La toxina actúa sobre músculo, no sobre la calidad global de la piel.
– Resultados eternos. Es un tratamiento temporal y eso también es una ventaja: nos permite ir ajustando en el tiempo.

Cuándo estar alerta y consultar al médico

La gran mayoría de los pacientes tiene una evolución sin complicaciones. Pero, como en todo tratamiento médico estético, hay efectos secundarios posibles.

Debes consultar si:

– Tienes dolor de cabeza muy intenso que no cede con analgésicos habituales.
– Notas caída evidente de un párpado (ptosis) que interfiere con tu campo visual.
– Sientes visión doble, dificultad para tragar o hablar (son muy poco frecuentes, pero hay que tomarlos en serio).
– Presentas una reacción alérgica importante: hinchazón marcada, dificultad para respirar, erupción extensa.

Hay también efectos menores, pero molestos, como:

– Pequeños moretones.
– Sensación de tirantez o peso.
– Ligeras asimetrías.

La mayoría de estos se manejan con observación, frío local, maquillaje o retoques controlados. Lo importante es no quedarse con la duda ni autodiagnosticarse por internet.

Cuándo NO recomendamos seguir con Botox, aunque el paciente lo pida

Como Clínica EM, hay situaciones en las que preferimos frenar o replantear el tratamiento:

– Pacientes embarazadas o en lactancia (por seguridad, preferimos no indicar).
– Personas con trastornos neuromusculares conocidos (miastenia gravis, por ejemplo) sin evaluación previa del neurólogo.
– Expectativas irreales: quien pide “no mover nada la cara nunca más” o quiere verse 30 años menor en una sesión.
– Rostros muy sobretratados donde ya se perdió la expresión natural: ahí muchas veces es mejor bajar dosis o espaciar más.

Nuestro rol, en buen chileno, es “poner la pelota al piso”. No por poder aplicar más significa que sea lo mejor para ti.

Cómo seguir cuidando tu rostro después del Botox

Si ya pasaste la etapa inicial y te estás sintiendo cómoda con tu resultado, el siguiente paso es pensar a mediano plazo:

– Mantener una rutina básica de cuidado de piel (limpieza suave, antioxidantes, fotoprotector diario).
– Evaluar, en consulta, si hay otras zonas donde el músculo está compensando de más.
– Revisar si necesitas complementar con tratamientos para calidad de piel: bioestimuladores, láser, peelings u otros.

Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde vamos desarrollando distintos tratamientos y combinaciones posibles de forma sencilla y basada en evidencia.

Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.

Al final del día, cuando alguien nos dice “me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue?”, nuestra respuesta es clara: seguir con un acompañamiento médico serio, cuidar los primeros días, tener ojo con los signos de alarma y planificar a futuro de forma inteligente. Así puedes sacar cuentas alegres de tu tratamiento, sin sobresaltos y manteniendo un resultado natural, de tomo y lomo.

Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.

Me apliqué Botox, ¿y ahora qué sigue? Cuidados, tiempos, beneficios reales y cuándo preocuparse, explicado por la mirada médica de Clínica EM.

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