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Plan anual de la piel: lo esencial según expertos
- Por Clínica EM
Cuando hablamos de un plan anual de la piel y lo esencial según expertos, no nos referimos a una lista de cremas de moda, sino a una estrategia profesional ordenada para que tu piel se vea y se sienta mejor durante todo el año. En Clínica EM usamos este concepto como una hoja de ruta avanzada: qué hacer, cuándo hacerlo y cómo combinar hábitos, tratamientos médicos estéticos y controles para ir a la segura y evitar improvisar.
En buen chileno: no es llegar y ponerse “lo que pillé en oferta”, sino construir un plan a toda prueba, adaptado a tu edad, tipo de piel, estilo de vida y presupuesto.
Por qué tu piel necesita un plan anual y no solo “arreglines” puntuales
La piel cambia con las estaciones, con las hormonas, con el estrés y, por supuesto, con la edad.
En otoño–invierno suele estar más seca y tolera mejor ciertos procedimientos médicos. En primavera–verano está más expuesta al sol, al calor y a la vida al aire libre, por lo que algunas terapias se ajustan o se postergan.
Si cada año reaccionas “sobre la marcha” (una limpieza acá, un peeling por allá, un láser cuando apareció la mancha), terminas gastando más y logrando menos. Con un plan anual bien armado:
– Ordenas las prioridades según lo que realmente te preocupa.
– Aprovechas mejor cada tratamiento, porque se programa en la época más adecuada.
– Evitas la sobrecarga de procedimientos juntos que puedan irritar o sensibilizar tu piel.
– Tomas decisiones con expectativas realistas, sin perseguir milagros de un día para otro.
Cómo diseñamos un plan anual de la piel en la práctica
En Clínica EM, el plan anual parte siempre con una evaluación. No es un checklist genérico; es una conversación de tomo y lomo.
Lo que revisamos en la primera consulta
En esa primera visita tomamos el peso real del estado de tu piel y tus objetivos:
– Tipo de piel y sensibilidad: seca, mixta, grasa, con rosácea, tendencia al acné, etc.
– Signos principales: manchas, arrugas, flacidez, poros, textura, cicatrices, ojeras, rojeces.
– Historial: tratamientos previos, alergias, medicamentos, enfermedades, embarazos.
– Estilo de vida: trabajo al aire libre, turnos nocturnos, deporte, exposición al sol.
– Tiempo y presupuesto: cuántas veces al año puedes venir y qué inversión puedes sostener.
Con eso armamos un mapa del año: qué dejamos como base, qué agregamos en ciertas estaciones y qué no tiene sentido hacer en tu caso.
Me acuerdo un día que vino una paciente y me dijo: “Doctora, cada año me hago cosas distintas según lo que veo en redes, pero siento que mi piel está igual o peor”. Cuando ordenamos su plan anual, redujimos el número de procedimientos, redistribuimos las fechas y ajustamos su rutina domiciliaria. A los 6 meses me comentó que, por primera vez, sentía una mejora pareja y que no tenía la piel irritada la mitad del año.
Estructura avanzada de un plan anual: de lo básico a lo profesional
Un plan anual de la piel según expertos combina tres capas: hábitos diarios, tratamientos periódicos y controles médicos.
1. Base diaria: lo que haces en tu casa
Si la rutina domiciliaria está al debe, ningún tratamiento médico se luce. Lo esencial que solemos recomendar (ajustado a cada persona):
– Limpieza suave, mañana y noche, sin jabones agresivos.
– Hidratante según tipo de piel (ojo con las pieles grasas: también necesitan hidratación).
– Fotoprotector de amplio espectro todo el año, reaplicado si estás al aire libre.
– Activos específicos (vitamina C, retinoides, despigmentantes, antioxidantes) según diagnóstico.
No llenamos a los pacientes de pasos innecesarios; preferimos una rutina corta, que puedas mantener sin enredarte ni abandonar en cosa de nada.
2. Tratamientos médicos estéticos periódicos
Aquí damos el vamos a lo que muchas personas entienden como “medicina estética”, pero con orden.
Según el caso, un plan avanzado puede incluir, distribuidos a lo largo del año:
– Toxina botulínica (por ejemplo, cada 3–4 meses).
– Mesoterapias o PRP secuenciados, usualmente para hidratar y prevenir signos del envejecimiento.
– Rellenos de ácido hialurónico cuando queremos recuperar volumen en zonas especificas del rostro.
– Bioestimuladores cuando el objetivo es rejuvenecimiento o mejorar la calidad de la piel.
La clave es que todo conversa entre sí. No vamos sumando cosas porque sí, ni hacemos combinaciones que puedan irritar o sobretratar la piel.

3. Controles y ajustes
Un plan anual no es rígido. La vida cambia, las hormonas cambian, la piel responde mejor o peor de lo esperado.
Por eso agendamos controles periódicos para:
– Evaluar si los objetivos se están cumpliendo.
– Ajustar dosis, productos o la frecuencia de los tratamientos.
– Pausar procedimientos si hay viajes a zonas muy soleadas, enfermedades o embarazo.
En buen chileno: no se trata de “vender un paquete” y olvidarse, sino de acompañarte y hacer ajustes cuando algo no va como estaba previsto.
Cómo organizamos tu año: estaciones y prioridades
No todas las épocas son iguales para todos los procedimientos. Esta es la lógica general que usamos, siempre adaptada a cada paciente.
Otoño e invierno: temporada fuerte de tratamientos intensivos
En estos meses solemos concentrar:
– Bioestimuladores de colágeno.
– Protocolos para manchas, texturas irregulares y cicatrices de acné.
La razón es simple: menos radiación UV, más fácil cuidar la piel y menor riesgo de que aparezcan manchas postinflamatorias si sigues bien las indicaciones.
Primavera y verano: mantención, protección y retoques
En la época de más sol, nos enfocamos en:
– Refuerzos de hidratación y luminosidad con mesoterapias faciales.
– Tratamientos que no aumentan tanto la fotosensibilidad, según el caso.
– Educación fuerte en uso de bloqueador, reaplicación y cuidados al aire libre.
Si hay programados tratamientos como toxina botulínica o ciertos inyectables, los ajustamos para que encajen con vacaciones, matrimonios, eventos importantes, etc. La idea es que puedas sacar cuentas alegres con tus resultados sin sacrificar seguridad.
Errores frecuentes al planificar el cuidado de la piel (y cómo los evitamos)
Algunos patrones se repiten muchísimo en el box, y vale la pena tener ojo con ellos al diseñar un plan anual.
Seguir modas sin evaluación
A veces me llegan pacientes diciéndome: “Vi este relleno en Instagram y quiero ese mismo”. Mi respuesta de cajón es: primero veamos qué necesita tu piel.
No todo lo que funciona en otra persona es adecuado para ti. En un plan bien armado, el tratamiento se elige por indicación profesional, no por tendencia.
Querer hacer todo junto
Hay pacientes que llegan en octubre y me piden “arreglar todo” antes del verano: manchas, arrugas, textura, flacidez, ojeras… ojo ahí.
Un plan anual avanzado diluye las intervenciones a lo largo del tiempo, para que:
– La piel tenga espacio para recuperarse.
– Podamos evaluar resultados paso a paso.
– Disminuyamos el riesgo de irritaciones o complicaciones.
Descuidar lo que haces en la casa
Si te haces tratamientos profesionales pero luego no usas protector solar o sigues fumando y durmiendo poco, parte del esfuerzo se pierde.
Por eso, en cada plan anual educamos al tiro sobre hábitos: es incómodo a veces, pero marca la diferencia.
Qué significa “lo esencial” en un plan anual de la piel según expertos
Cuando hablamos de lo esencial, no nos referimos a lo mínimo, sino a lo imprescindible para que tu piel mejore de forma sostenible.
En un plan anual de la piel según expertos priorizamos:
– Tratamientos con respaldo científico, no promesas milagrosas.
– Seguridad por sobre la ansiedad de resultados rápidos.
– Naturalidad: que te veas descansada, luminosa, fresca, no “otra persona”.
– Continuidad: mejor pequeños avances constantes que cambios drásticos y difíciles de mantener.
A veces lo más avanzado no es el aparato más nuevo, sino la capacidad del equipo profesional de elegir bien, combinar correctamente y decir que no cuando algo no te conviene.
Cuándo no recomendamos ciertos tratamientos dentro del plan
Es parte de nuestro rol profesional marcar límites, aunque el paciente lo pida. Integrado a un plan anual, hay momentos en que preferimos postergar o descartar procedimientos, por ejemplo:
– Embarazo y lactancia, donde muchos activos y tecnologías se restringen.
– Piel muy irritada o con brotes activos (acné severo, dermatitis intensa, rosácea descompensada).
– Uso de ciertos medicamentos fotosensibilizantes o anticoagulantes, según el tratamiento.
– Expectativas poco realistas, como “borrar” por completo arrugas profundas o manchas antiguas.
En esos casos ajustamos el plan, explicamos el porqué y proponemos alternativas seguras. Ir a la segura no significa resignarse, sino avanzar con criterio.
Cómo dar el primer paso hacia tu propio plan anual
Si sientes que has ido “picoteando” tratamientos sin mucha estrategia, probablemente tu piel esté pidiendo un plan más ordenado.
Lo que recomendamos es agendar una evaluación inicial donde podamos:
– Escuchar qué te preocupa de verdad.
– Evaluar tu piel con ojo clínico.
– Armar un plan anual de la piel: lo esencial según expertos adaptado a tus tiempos y posibilidades, sin recetas genéricas.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética, donde vamos revisando de manera simple y honesta diferentes tratamientos y casos reales.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
La idea es que, al final del año, tu piel no solo “pase piola”, sino que de verdad notes que está más sana, más pareja y más luminosa, gracias a un plan bien pensado y ejecutado con respaldo médico.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Steve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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