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Pómulos: señales médicas claves para tu seguridad
- Por Dra. Blanca Girardi de Esteve
Cuando hablamos de pómulos en consulta, casi nunca es solo “un detalle estético”. El pómulo marca el contorno de la cara, el efecto de “cara cansada” o “cara fresca” y, en muchos casos, también entrega señales de envejecimiento, pérdida de soporte óseo e incluso problemas de oclusión o sinusitis.
En Clínica EM vemos todos los días cómo un buen análisis del pómulo puede cambiar por completo el plan de tratamiento de un paciente, siempre priorizando la seguridad y resultados naturales.
Por qué los pómulos importan mucho más de lo que parece
El pómulo es una de las estructuras centrales del rostro. No solo es “hueso bonito”; es una especie de andamiaje que sostiene mejillas, surcos nasogenianos, ojeras y hasta la línea mandibular.
Cuando el pómulo pierde volumen o está poco desarrollado, se empiezan a notar varias cosas de cajón:
– Carita más plana, sin contorno.
– Surcos marcados alrededor de la boca.
– Ojeras más profundas.
– Piel que se ve más flácida, aunque tengas buena calidad de piel.
En buen chileno: el pómulo es uno de los puntos que más ayuda a “levantar” y ordenar la cara sin recurrir al bisturí. Pero ojo: no es llegar y rellenar.
Como médicos, siempre miramos la estructura ósea, la proporción con el resto de la cara y la historia clínica completa antes de tocar esa zona.
Señales que evaluamos en el pómulo antes de cualquier tratamiento
Antes de plantear un procedimiento, lo primero es “leer” el rostro. Hay varias señales en el pómulo que nos orientan:
Proporciones y armonía facial
Miramos el rostro de frente y de perfil. Nos fijamos en:
– Si el pómulo acompaña bien la proyección de la nariz y el mentón.
– Si hay asimetrías claras entre un lado y otro.
– Si el volumen del pómulo está “caído” hacia la mejilla, lo que da un aspecto de cara triste.
Muchas veces, el paciente jura que su problema son las “bolsas” o los surcos, y en realidad la raíz está en un pómulo que perdió soporte con los años.
Textura y calidad de la piel en la zona
El pómulo también nos muestra cómo está la piel:
– Presencia de manchas o enrojecimiento.
– Poros dilatados o cicatrices de acné.
– Signos de flacidez temprana.
Esto importa porque no sacamos nada con dar volumen si la piel está al debe. A veces, el primer paso no es rellenar, sino mejorar calidad de piel y luego recién pensar en volumen.
Cambios con la edad: pérdida ósea y de grasa
Con el envejecimiento, el malar (el hueso del pómulo) se reabsorbe un poco y también se pierden compartimentos de grasa profunda.
Eso genera una combinación de “colapso” y caída que muchas personas notan como:
– “Doctor, siento que se me derritió la cara”.
– “Me veo cansada aunque haya dormido bien”.
En esos casos, el análisis del pómulo es clave para decidir si corresponde un relleno profundo, si conviene combinar con bioestimuladores o si es mejor ser conservadores.
Qué podemos hacer cuando el pómulo está plano o caído
En estética facial moderna, el pómulo se trabaja principalmente con rellenos a base de ácido hialurónico de alta calidad y, en algunos casos, con bioestimuladores como apoyo.
En Clínica EM, nuestro enfoque es siempre médico, no de “moda de pómulos marcados”. Buscamos que la persona se reconozca frente al espejo, solo que más descansada y armónica.
Cómo es, en la práctica, un tratamiento para pómulos
Hacerla corta pero clara:
1. Evaluación médica completa
– Analizamos rostro en reposo y en movimiento.
– Revisamos antecedentes de alergias, enfermedades autoinmunes, cirugías previas y medicamentos.
– Determinamos si realmente el pómulo es el protagonista del problema o solo parte de él.
2. Diseño de plan personalizado
No todos necesitan el mismo volumen ni el mismo producto.
Definimos:
– Profundidad ideal de aplicación.
– Puntos de apoyo en el hueso.
– Si se combinará con otros tratamientos (por ejemplo, en surcos u ojeras).
3. Procedimiento en box
– Desinfección rigurosa de la zona.
– Marcaje de puntos estratégicos.
– Uso de agujas finas o cánulas, según el caso.
– Aplicación del producto lentamente, evaluando la respuesta en tiempo real.
4. Revisión inmediata
– Comprobamos simetría y proyección.
– Ajustamos si es necesario con pequeños toques adicionales.
– Explicamos qué esperar en los días siguientes.
Lo habitual es que el procedimiento del pómulo sea rápido, pero eso no significa que sea trivial. La seguridad parte por la planificación y por conocer muy bien la anatomía.
Cuidados posteriores: cómo ir a la segura después de tratar el pómulo
Después de un procedimiento en pómulo, las indicaciones suelen ser sencillas, pero importantes:
– Aplicar frío local suave las primeras horas, sin apretar.
– Evitar masajear la zona a menos que tu médico te lo indique explícitamente.
– No hacer ejercicio intenso el mismo día ni exponerse a calor excesivo (sauna, baños muy calientes) las primeras 24–48 horas.
– Dormir boca arriba la primera noche si es posible.
En general, las molestias son leves: algo de inflamación, sensación de tensión o pequeños moretones que pasan piola en pocos días.
Si algo se sale de lo esperado (dolor muy intenso, cambio de coloración importante de la piel, sensación de calor extremo), hay que avisar al tiro. Es raro, pero mejor siempre tener ojo.
Riesgos y efectos secundarios que debes tener presentes
Siempre lo digo en consulta: cualquier intervención médica tiene riesgos, incluso las más “simples”. En el caso del pómulo, los principales son:
– Moretones y edema: son los más frecuentes y se resuelven solos.
– Asimetrías leves: a veces se ajustan en un control posterior con pequeñas correcciones.
– Nódulos o irregularidades: poco frecuentes si se usa buena técnica y producto adecuado, pero pueden aparecer.
– Complicaciones vasculares: son raras, pero serias. Por eso es tan importante que el procedimiento lo haga un médico entrenado, con insumos de rescate disponibles en el box.
Nuestro trabajo es minimizar estos riesgos con buena evaluación, técnica precisa y seguimiento. La promesa nunca es “cero riesgo”, sino un estándar de seguridad a toda prueba.
Cuánto duran los resultados en el pómulo y cuándo conviene retocar
En general, los rellenos de pómulo con ácido hialurónico de buena calidad tienen una duración que suele bordear entre 12 y 18 meses, dependiendo de:
– Tipo de producto.
– Metabolismo del paciente.
– Hábito de ejercicio y estilo de vida.
– Cantidad y profundidad del relleno.
Lo ideal no es esperar a que el efecto desaparezca por completo. En muchos pacientes hacemos pequeños retoques preventivos, que ayudan a mantener el resultado sin cambios bruscos.
También es frecuente combinar el trabajo de pómulo con otras zonas con el tiempo, para mantener una armonía global del rostro.
Cuándo NO recomiendo tratar el pómulo, aunque el paciente insista
Hay situaciones en las que, como médica, prefiero no intervenir el pómulo o, al menos, postergar:
– Expectativas irreales, por ejemplo, buscar un cambio extremo de rasgos que no se condice con el resto de la estructura facial.
– Pacientes muy jóvenes que solo quieren seguir una moda, sin real indicación. Primero conversamos, educamos y, muchas veces, decidimos no hacer nada.
– Enfermedad activa en la zona (infecciones, heridas abiertas, brotes severos de acné).
– Alteraciones importantes de imagen corporal donde la prioridad es derivar a apoyo psicológico o psiquiátrico.
Un día llegó una paciente y me dijo: “Doctora, quiero harto pómulo, bien marcado, tipo filtro”. Cuando la evalué, su pómulo estaba perfecto; el problema era una pequeña asimetría mandibular y algo de ojeras.
Conversamos largo rato. Le mostré con espejo qué pasaría si sobreproyectábamos el pómulo: se vería artificial y no solucionaría lo que realmente le molestaba. Finalmente, trabajamos otra zona en forma muy sutil y ella terminó agradeciendo no haber exagerado.
Ese tipo de decisiones, que a veces implican decir “no” o “menos”, son parte de la responsabilidad médica.
Cómo tomar una decisión informada sobre tu pómulo
Si sientes que tu pomulo se ve plano, caído o que te da un aspecto de cara cansada, mi invitación es que no busques solo “arreglar una parte” por moda o por una foto.
Lo más seguro es partir por una evaluación global del rostro, entender qué está pasando con la estructura ósea, los tejidos blandos y la piel, y recién ahí definir si el protagonista del tratamiento será el pómulo o no.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo leer el contenido que tenemos en nuestro blog Al Box de medicina estética: Relleno Teoxane: El secreto suizo que hace toda la diferencia.
Y si te interesa ver resultados reales, videos de procedimientos y contenidos educativos cortos, te recomiendo visitar nuestro Instagram, donde compartimos casos y explicaciones prácticas de medicina estética.
En Clínica EM, cuando trabajamos el pómulo lo hacemos siempre con la mirada puesta en tu seguridad, en la naturalidad del resultado y en que puedas mirarte al espejo y reconocerte, pero con una versión más descansada, armónica y coherente con tu historia.
Este artículo fue escrito por Doctora Blanca Girardi de Esteve, Directora Médica de Clínica EM, con 25 años de experiencia en medicina estética y rejuvenecimiento facial.
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